Visitas: 0
A veces el enfriamiento sexual no llega con una pelea ni con un portazo, sino con el silencio. Con esas pausas que antes estaban llenas de complicidad y ahora pesan. El deseo no siempre desaparece de golpe: a veces se apaga poco a poco, entre conversaciones que ya no suceden y gestos que se repiten sin intención.
Hay silencios que no son paz, sino distancia. En muchas parejas, el sexo se convierte en un terreno donde ya no se sabe cómo encontrarse, ni qué decir para reconectar. Y cuando la piel calla y las palabras se esconden, el vínculo se va cubriendo de hielo. Detectar esas señales a tiempo puede ser la diferencia entre apagar la chispa o aprender a encenderla de nuevo.