Visitas: 12
Las vacaciones suelen venderse como ese momento perfecto en el que desaparecen las obligaciones, aumenta el tiempo libre y, casi por arte de magia, también debería aparecer una vida sexual espectacular. Tener vacaciones no significa automáticamente tener ganas de sexo. El cansancio acumulado, los cambios de horarios, los viajes, la convivencia constante o simplemente el deseo de desconectar pueden influir mucho más de lo que solemos reconocer. Y sí, descubrir que pasar más horas juntos no convierte a una pareja en protagonista de una película erótica puede ser una pequeña decepción.
Las vacaciones cambian el escenario habitual de la relación y, con él, también pueden cambiar la forma de vivir la intimidad. Hay parejas que encuentran nuevas oportunidades para conectar y otras que descubren que necesitan buscar activamente esos momentos porque el descanso, los planes y las obligaciones familiares terminan ocupándolo todo. Hablar de vacaciones y sexo implica, por tanto, hablar también de deseo, comunicación, espacio personal y de cómo mantener viva la conexión cuando la rutina habitual desaparece.