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Hablar de juegos de rol sexuales puede despertar curiosidad, vergüenza o incluso cierta sensación de ridículo. Y sí, imaginarse interpretando a otra persona puede resultar bastante más sencillo en la ficción que delante de la pareja. El problema no suele ser interpretar un personaje, sino atreverse a salir de los guiones habituales sin dejar de sentirse seguro. El role play puede introducir imaginación, juego y nuevas formas de explorar el deseo, pero no consiste simplemente en disfrazarse y representar una escena.
Antes de empezar, conviene entender que un juego de rol sexual implica mucho más que elegir un personaje o preparar una situación determinada. Supone crear un contexto compartido en el que ambas personas sepan qué quieren explorar, qué límites existen y hasta dónde desean llevar la experiencia. No hay una única manera correcta de hacerlo ni es necesario convertirlo en una representación teatral. La clave está en comprender qué elementos pueden hacer que esta práctica sea cómoda, consensuada y disfrutable para quienes participan.