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Cumplir años no significa dejar de ser una persona sexuada. Antes o después, la edad acaba llegando para todos, pero parece que la sexualidad tuviera fecha de caducidad. Sin embargo, todavía persisten muchos mensajes sociales que asocian el envejecimiento con la pérdida automática del deseo, la intimidad o el placer, como si estas dimensiones fueran exclusivas de la juventud.
La realidad es bastante más compleja. Los cambios físicos, emocionales y relacionales forman parte del proceso de envejecimiento, pero no implican la desaparición de la sexualidad. Hablar de sexualidad a partir de los 50 años permite visibilizar una etapa de la vida frecuentemente ignorada, desmontar prejuicios y comprender que las necesidades, las formas de vivir el erotismo y las prioridades pueden transformarse sin perder por ello su valor o su importancia.