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Hablar de placer puede parecer sencillo, pero pocas veces realmente escuchamos lo que la otra persona desea. En muchas parejas, el deseo se da por hecho: creemos conocer los gustos del otro, interpretamos silencios o repetimos fórmulas que alguna vez funcionaron. Sin darnos cuenta, sustituimos la curiosidad por la costumbre, y el diálogo por la intuición.
La escucha erótica es una forma de romper con ese automatismo. No se trata de adivinar ni de leer la mente, sino de construir un espacio donde el deseo pueda expresarse sin miedo ni juicio. Escuchar eróticamente es estar disponible para el otro —y también para uno mismo— con atención, honestidad y apertura. Es entender que la comunicación sobre el placer no apaga la magia: la vuelve más real, más viva y más compartida.