LA ORIENTACIÓN SEXUAL NO SE ELIGE

LA ORIENTACIÓN SEXUAL NO SE ELIGE

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Hay quien todavía cree que la orientación sexual se elige, como si el deseo fuera un interruptor que pudiéramos encender o apagar a conveniencia. Pero la realidad es que nadie se sienta un día y decide a quién amar o quién le atrae. La orientación sexual no se escoge, se descubre. Se vive, a veces con curiosidad y libertad, otras con miedo y culpa, especialmente en una sociedad que sigue midiendo las vidas por su cercanía a la norma.

Acompañar a alguien en ese proceso de descubrimiento es un acto de amor y de humildad. Significa renunciar a juzgar, a corregir o a interpretar desde nuestras creencias, para abrir espacio a lo que la otra persona siente y necesita expresar. Porque vivir una identidad diversa en un entorno que todavía impone etiquetas y silencios no es sencillo. Por eso, quienes acompañamos —como madres, padres, educadores o terapeutas— tenemos la oportunidad de convertirnos en refugio, en lugar de presión.

Hay quien todavía cree que la orientación sexual se elige, como si el deseo fuera un interruptor que pudiéramos encender o apagar a conveniencia. Pero la realidad es que nadie se sienta un día y decide a quién amar o quién le atrae. La orientación sexual no se escoge, se descubre. Se vive, a veces con curiosidad y libertad, otras con miedo y culpa, especialmente en una sociedad que sigue midiendo las vidas por su cercanía a la norma.

Acompañar a alguien en ese proceso de descubrimiento es un acto de amor y de humildad. Significa renunciar a juzgar, a corregir o a interpretar desde nuestras creencias, para abrir espacio a lo que la otra persona siente y necesita expresar. Porque vivir una identidad diversa en un entorno que todavía impone etiquetas y silencios no es sencillo. Por eso, quienes acompañamos —como madres, padres, educadores o terapeutas— tenemos la oportunidad de convertirnos en refugio, en lugar de presión.

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¿POR QUÉ NOS CUESTA HABLAR DE SEXO EN PAREJA?

¿POR QUÉ NOS CUESTA HABLAR DE SEXO EN PAREJA?

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Hablar de sexo con la pareja sigue siendo, para muchas personas, un territorio lleno de silencios. Podemos convivir años, compartir cuerpo y rutina, y aun así sentir un nudo en la garganta cuando queremos expresar un deseo o una incomodidad. El miedo a incomodar, la vergüenza o la idea de que “si hay amor, el sexo debería fluir solo” hacen que muchas conversaciones necesarias se posterguen indefinidamente.

Y sin embargo, la comunicación sexual no es un lujo ni una rareza: es la base de una intimidad consciente. Cuando aprendemos a poner palabras a lo que sentimos y necesitamos, no solo mejoramos nuestra vida sexual, sino que también fortalecemos la confianza y el vínculo. Hablar de sexo no apaga el deseo; lo ilumina.

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