Visitas: 0
Hay quien todavía cree que la orientación sexual se elige, como si el deseo fuera un interruptor que pudiéramos encender o apagar a conveniencia. Pero la realidad es que nadie se sienta un día y decide a quién amar o quién le atrae. La orientación sexual no se escoge, se descubre. Se vive, a veces con curiosidad y libertad, otras con miedo y culpa, especialmente en una sociedad que sigue midiendo las vidas por su cercanía a la norma.
Acompañar a alguien en ese proceso de descubrimiento es un acto de amor y de humildad. Significa renunciar a juzgar, a corregir o a interpretar desde nuestras creencias, para abrir espacio a lo que la otra persona siente y necesita expresar. Porque vivir una identidad diversa en un entorno que todavía impone etiquetas y silencios no es sencillo. Por eso, quienes acompañamos —como madres, padres, educadores o terapeutas— tenemos la oportunidad de convertirnos en refugio, en lugar de presión.
Hay quien todavía cree que la orientación sexual se elige, como si el deseo fuera un interruptor que pudiéramos encender o apagar a conveniencia. Pero la realidad es que nadie se sienta un día y decide a quién amar o quién le atrae. La orientación sexual no se escoge, se descubre. Se vive, a veces con curiosidad y libertad, otras con miedo y culpa, especialmente en una sociedad que sigue midiendo las vidas por su cercanía a la norma.
Acompañar a alguien en ese proceso de descubrimiento es un acto de amor y de humildad. Significa renunciar a juzgar, a corregir o a interpretar desde nuestras creencias, para abrir espacio a lo que la otra persona siente y necesita expresar. Porque vivir una identidad diversa en un entorno que todavía impone etiquetas y silencios no es sencillo. Por eso, quienes acompañamos —como madres, padres, educadores o terapeutas— tenemos la oportunidad de convertirnos en refugio, en lugar de presión.
Leer más