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«El mayor riesgo del BDSM no está en las cuerdas, las esposas o los azotes, sino en practicarlo sin información ni consentimiento.» Durante años, el kink y el BDSM han estado rodeados de prejuicios, estereotipos y una enorme desinformación. Para muchas personas siguen siendo prácticas incomprensibles o peligrosas por definición, mientras que otras sienten curiosidad, pero no saben por dónde empezar ni cómo hacerlo de forma responsable. Esa falta de conocimiento es, precisamente, el origen de la mayoría de los errores.
Hablar de BDSM no consiste en normalizar cualquier práctica ni en animar a experimentarla, sino en comprender qué principios la diferencian de una situación de abuso o violencia. Conocer conceptos como el consentimiento, la comunicación o los límites personales resulta fundamental para entender una realidad mucho más amplia y compleja de lo que suele mostrarse en películas, redes sociales o contenidos pornográficos.